En cualquier ámbito, ya sea profesional, deportivo, familiar, artístico, académico, científico o lo que se nos ocurra, los logros extraordinarios vienen precedidos por una historia sólida detrás que hace que sus protagonistas «tuvieran que ser ellos» y no otros los que consiguieran alcanzar esas metas. No podemos imaginar el fin del Apartheid sin Mandela, una la revolución tecnológica y empresarial sin Steve Jobs, o una reinvención de la música sin John Lennon. Existen muchas características comunes en estos personajes pero, si tengo que elegir sólo una, es que tenían muy claro hacia dónde iban y estaban totalmente comprometidos con ese destino.
Así dicho, y resumido en una frase, parece muy sencillo pero esa sencillez precisamente es lo más complicado de conseguir. Hay dos conceptos clave: compromiso y destino.
En general, a cualquiera que le pregunten si está comprometido con algo que es importante en su vida (familia, trabajo, proyecto, salud, etc…) te responde que sí. Pero es el día a día el que va demostrando el nivel de compromiso. Por ejemplo, si estás comprometido con tu salud y no haces ejercicio o no tienes una dieta equilibrada… a lo mejor no estás tan comprometido. Si estás comprometido con tu trabajo o tu proyecto y no estás dispuesto a hacer el esfuerzo extra cuando es necesario… a lo mejor no estás tan comprometido. Cuando no pasas tiempo de calidad con tu familia.. a lo mejor no estás tan comprometido. Yo creo que, en general, sabemos perfectamente las cosas con las que deberíamos estar comprometidos. Pero, la realidad es que no lo estamos tanto.
Respecto al destino, esto requiere mucho desarrollo, pero a estos efectos consiste en tener claro los objetivos especialmente a largo plazo. Una vez que esos objetivos sean lo suficientemente importantes para nosotros. Porque no hay nada peor que subir una escalera y darte cuenta que estaba apoyada en la pared equivocada. Sí que es fácil tener claro lo que se quiere en cada momento, pero el es no se sabe el destino final, la frustración puede ser tremenda. Y, lo peor, una vez que se han alcanzado altos niveles de rendimiento, acabamos de comprarnos todas las papeletas para ponernos un freno mental que no nos permite crecer y dar el salto de calidad en resultados.
Para poder gestionar esto adecuadamente, contamos con una herramienta espectacular: el Mentoring. Y si nos centramos específicamente en el deporte, tenemos el Mentoring Deportivo. Un mentor, te ayuda a tener una perspectiva de carrera deportiva sobre la que se construye un plan de acción alineado con los objetivos a largo, medio y corto plazo. Para esto necesitará desarrollar y saber utilizar una serie de herramientas y habilidades que necesitará adquirir a través de entrenadores (coaches) en diferentes áreas (no sólo deportiva) y mucho trabajo.
Y llega un momento en el que todo este plan, este trabajo, esta disciplina, esta implementación alcanza un punto en el que parece que uno se estanca porque no llegan resultados, porque nos cansamos, porque pasa el tiempo, porque no hay recursos, porque cambia el entorno… por mil razones. Es entonces cuando el compromiso con nuestro destino marca la diferencia entre los que consiguen alcanzar su propósito y los que se quedan en el camino. Los que lo hacen porque son buenos, o porque les toca, o por inercia, o porque su padre lo hacía, o porque tienen talento y aquellos que lo hacen porque entienden que es la razón por la que están en este mundo. Y es en esos momentos en los que, tener un Mentor a tu lado que te haga ver el porqué de tu aventura y lo que significa para ti. Que te ofrezca alternativas, que te apoye desinteresadamente y que te haga sentir importante.
En el deporte, no todos los que han logrado alcanzar cotas espectaculares tienen o han tenido un mentor. Pero normalmente han tenido referencias y metas tan definidas que les han permitido tomar perspectiva y seguir adelante cuando lo han necesitado. A veces, el compromiso lo da la necesidad o no tener otra alternativa. Pero lo que es claro es que se primero se desarrollaron personalmente para después poder conseguir sus metas deportivas. Algunos seguirán haciéndolo por intuición o por suerte estadística. Pero, para la otra gran mayoría de los mortales, una herramienta como el Mentoring Deportivo puede marcar la diferencia entre mediocre y bueno. O entre bueno y extraordinario.



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