He pasado toda la semana en Sevilla viviendo una experiencia brutal en el Rafa Nadal Tour. Hemos organizado para la Fundación Rafa Nadal la gestión de los valores en un torneo de tenis para niños entre 11 y 15 años. Hemos hecho cosas tan originales como implantar una oficina de valores, un ranking en una “Trofeo de Valores” y una gestión on-line de los aprendizajes adquiridos en el torneo.
Estando tan atentos a estas cosas, el compromiso ha estado presente en todos los ámbitos. He visto cómo, en muchos casos, es la clave para que los niños disfruten de una potencial carrera deportiva en el mundo del tenis. He visto como un “exceso de compromiso” por parte de los padres puede ser el primer elemento disruptor poniendo una presión excesiva en sus hijos. He visto cómo un “exceso de compromiso” por parte de los entrenadores puede ser una carga especialmente pesada para niños que lo que necesitan es apoyo en su educación y en sus habilidades para sacar el máximo provecho a su talento disfrutando de ello. Y he visto como una “falta de compromiso” por parte de los jóvenes jugadores es lo que les aleja de cumplir esos objetivos que ya tienen pero que les requiere un esfuerzo que no están dispuestos a hacer.
Mi visión es que el compromiso se adquiere mucho más fácilmente en el momento en el que se tiene un objetivo compartido. Y ese objetivo común debe tener alineados los propósitos de los padres, los entrenadores y los jóvenes deportistas. Esto es un cambio de paradigma brutal porque sitúa el propósito de un niño de 12 años a la altura del de los padres o los entrenadores. Pero, si no hacemos esto así, las probabilidades de fracaso son enormes. Tanto, como que sólo 1 de cada 16.000 deportistas consiguen vivir de su deporte.



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